¿Qué hacemos?

domingo, 14 de junio de 2020

Una mirada que se afila


La poesía existe en todos, y más allá de todos los lenguajes. Mientras leía los poemas que, muy amablemente, nos compartió Washington, pensaba en todas las imágenes que encontramos perdidas en los recovecos de sus versos. Imágenes cargadas del sentido que únicamente se obtiene a través de la contemplación. Una poesía de la imagen, en la que la imagen queda en un segundo plano condescendiendo así a las propias sensaciones que acarrean. Resulta interesante, pensar a la imagen como una suerte de transbordador que refleja la propia subjetividad en el papel que se lee."Personas y raíces/ se parecen/ en estos lados". La mirada del "yo" poético desestructura la forma de ver las cosas que fueron asumidas bajo un único sentido posible, bajo un único sentido común, pero sobre todo invita a lanzarse desprotegido a otras formas de sentir. Le poeta se pierde en la mirada primogénita de la poesía que no es más que una mirada del mundo, que no es menos que una lucha contra la descotidianización de la vida.

Las ilustraciones de Elisa posibilitan una lectura inalcanzable, una lectura infinita, una lectura incapaz de ser sumida bajo un sentido banal. Esta modalidad bajo la cual se constituye su arte, acude al ojo observador para finalizar, de alguna manera, la obra. Por otro lado, la amalgama de colores elegidos son perfectamente capaces de transmitir la precariedad de la tierra que se pisa. Sin dudas, la autora da una gran relevancia al relieve que encrudece el arte que a simple vista pareciera respirar en el ojo que lo mira.

Washington Atencio (Entre Ríos, 1986) es profesor de Lengua y Literatura. Reside en Paraná y da clases en los niveles secundario, terciario y universitario. En 2019 publicó Una hoguera de jazmines (Camalote) y fue parte de la colección Tres Poemas (Ediciones Arroyo). Algunos de sus textos han recibido premios y menciones. Gestiona la librería Jacarandá y coorganiza el ciclo de poesía Río Abajo. En febrero de 2020 publicó Nuestra sombra volcada en el río (Agua Viva).


Elisa Lahitte Eberbach. (Tostado Sta Fe 1992). Vive en Buenos Aires. Estudia en la Universidad Nacional de las Artes la Licenciatura en artes visuales. Se ha desempeñado en montajes de obras de Arte y visitas guiadas en el Centro de Arte Contemporáneo La Casona de los Olivera. (Buenos Aires) Participó en la Exposición colectiva “Paseo Nocturno” en el Edificio principal del Jardín Botánico Carlos Thays. (Buenos Aires-2017) y en la Muestra institucional de la Casona de los Olivera, con alumnos de la cátedra Fernicola, de Dibujo de la UNA (2019). Expuso en la muestra Sustancia del Ciclo Vivarium de Ether Arts Project y la Huella Botánica (Buenos Aires - diciembre 2019) Es encuadernadora y tiene un emprendimiento propio de producción y venta de cuadernos personalizados



Maíz


Mi madre atraviesa invisible el alambrado

y se pierde en el maizal.

No lleva un vestido vaporoso

tampoco sombrero.

El sol no la daña.



Personas y raíces

se parecen

en estos lados.



Inclina su cara

huele el maíz

lo elige para nosotros.

Comemos de su mano

los granos

como pájaros. 







Ilustración: Elisa Lahitte Eberbach


Alambre de púas



El aromito florece

cerca del alambrado.

El aire que desprende

se espuma en amarillos.



Canto desde la espiga

y el hambre palpita

en copos de azúcar dorada.



Pero es espinillo

y mi mirada se afila

en agujas que se tensan al sol.



Abandono el plumaje

y mi canto se apaga en tu nombre.

Cada tarde

elijo la rama más filosa

para estrellarme.


(De Una hoguera de jazmines, Camalote, 2019)









Anidar



Tu respiración empieza

en la punta de mis dedos.



Inicio un viaje por tus vértebras,

ruta ondulada bajo mis yemas.



El sol se siembra en tu espalda,

campo a la tardecita

donde quiero germinar.



Deseo ser esqueleto, sostenerte

en pie frente al derrumbe

pero soy piel

carne

tendón apenas.



Tu cabeza se inclina hacia atrás

como buscando.

Cabe en el hueco de mi mano. 







Ilustración: Elisa Lahitte Eberbach



Nuestra sombra volcada en el río


Abro bocas

rompo el aire con la lengua

lanzo todas las chispitas.



Él me mira

me contiene con los ojos.



Cruza el río

a lo lejos un caballo.

La llanura lo verdea.



En la tarde busco el cielo

lo acaricio

lo revuelco

me deshago.



Agua estalla en la laguna

otro mar nos da respiro

otro río me atraviesa.




Terrario


Arreglás el jardín y te miro.



La naranja es un sol

a la siesta, relámpago cítrico

estallido en mi lengua.



Mis manos

vuelven al niño

que busca semillas,

porotos, granos de maíz.



Resultaba fácil

la tarea de naturales

viviendo tan cerca del suelo.



El campo fue mi germinador.



Bebimos la luz con fauces abiertas

nombramos el cielo y el agua,

quisimos brotar.



En tus manos

llenas de tierra

escupo una semilla

y espero.


G
alope ciego 

Entierro todas las miradas

semilla por semilla

para que puedas nacer.



Vengo del calor

pero aprendí a desconfiar

de la calma.



El frío

otra palabra.

El mar

lengua que se arrastra.



Con la boca sumergida en tierra

gritás trigo, cuchillo, fogata.



Latido seco

voz que se anuda

en tu camisa.



Agarrado a las crines de un recuerdo

beso párpado y horizonte.



Te sueño como se aguarda la lluvia.


(De Nuestra sombra volcada en el río, Aguaviva, 2020)




jueves, 11 de junio de 2020

Porción angular del alma


En el día de hoy les compartimos unos poemas y una ilustración de Emanuel Marty. El "yo" poético retrata las sensaciones con una sencillez que sorprende al calar las profundidades desde la liviandad. Podríamos pensar, tranquilamente, que rompe el límite de lo sencillo. Quizás, no se trate de sentir más cosas, sino simplemente de atender lo que se siente. "El agua fría(...) también quema" Su "yo" poético desnaturaliza algo tan cotidiano como pequeño. Emanuel, tal vez, mira las letras con su cámara, para no dejar de sorprenderse con las cotidianidades.
La ilustración, también de su autoría, fue realizada con fibra sobre papel ilustración. Por último, compartimos otro poema de su autoría.

Emanuel Marty [mir.etrato]

Nací en San Jorge en 1989, donde actualmente vivo y trabajo. En 2014 hice un seminario de Encuadernación Artesanal en el centro cultural de la Siberia (UNR), a cargo de Rodrigo Castillo. En 2015, obtuve el titulo de Diseñador Industrial de Objetos. En 2016 terminé el taller anual de Heliocopía en la Escuela Municipal de Artes Plásticas Manuel Musto, a cargo de Mabel Rodriguez. En 2019 hice clínica de obra con Diego de Aduriz. Recientemente, acabo de publicar Fauna Permanente, mi primer poemario. Realizo pinturas y fotografías de forma autodidacta. 


Acueductos


no llovió
no cayó una sola gota
la caldera está rota

el sol brilla
como nunca

hoy
no está nublado
pero algo empaña
los vidrios
como si fuera invierno

la caldera
sigue rota y
las canillas
cerradas
los espejos transpiran

las paredes
humedecen
y aunque el patio esté
completamente seco
la casa se ahoga

hay inundaciones
internas y
el agua cuando cae
demasiado fría
también quema



Ilustración: Emanuel Marty

L

Sos el resultado de todas las operaciones a las que sometiste tu tránsito

Te has embotellado, solo para contenerte

Pudiste escapar del caos, encontrando el orden inverso
la porción angular de la piedra de tu alma






martes, 9 de junio de 2020

Contrahegemonía del dolor

En el día de hoy, les compartimos unos poemas de Victoria Alcala de su libro La magia en el derrumbe, por Ediciones Presente. En su libro que es, de alguna manera, una oda contrahegemónica del dolor, o dicho de otra manera, de cómo se construye el dolor en las subjetividades en relación a lo que duele. La bandera de dolerse para sentirse vivir, planta una lucha ante una dinámica social donde la velocidad impera e invita, justamente, al olvido de todo lo que provoque angustia. 

Por otro lado, Paula Solari, quien nos compartió dos ilustraciones con motivos bien distintos. La primera de ellas representa de una manera feroz la voluntad del sentir la vida. En ella los colores y la profundidad generan un clima sumamente oscuro que se desvanece con las cartas en la mano. La segunda ilustración es un collage con tintes minimalistas que representa el reconocerse como sujeta de deseo, tal y como lo plantea, a su vez, Victoria.

Victoria Alcala es licenciada en Letras, bailarina, investigadora. Docente en el nivel secundario, terciario y universitario. Becaria doctoral (CONICET-UCA-CILA). Instructora en Arteterapia (IASE-ISSO-UBA). Forma parte del Grupo de Estudios de Danza Argentina y Latinoamericana (UBA). Como becaria e intérprete en el Grupo de Experimentación de Artes del Movimiento (UNA, 2013-2014)bailó en obras compuestas por Fabián Gandini, Rhea Volij, entre otros. Adscripta en 2015 en GEAM, formó parte del equipo de investigación de “Tecnología aplicada a la danza” (UNA). Dictó clases en “Taller de Expresión Corporal” para proyecto “Nexos” en el Hospital Borda y en Arteterapia para “Unidad Sanitaria N° 5” (Secretaría de Salud, Avellaneda). Editora en revista “Giró Cartelera” (2012-2016). Premios provinciales de poesía (2002-2006).

Paula Solari (Las breñas- Chaco) completó sus estudios como Trabajadora Social. Actualmente, estudia el Profesorado de Teatro. Actuó en diversas obras en la ciudad de Reconquista y la región. En 2019 ilustró de manera completa el libro Robarle al cuerpo lo que está de más, también por Ediciones Presente.. Fundó Pajarraco, donde realiza juguetes artesanales con madera, una idea extraordinaria teniendo en cuenta que la impronta de dichos juguetes tiene una estrecha relación con las miradas pedagógicas actuales.

La magia en el derrumbe

Se impone:
restituir sentido
no sé dónde,
por donde sea.
Una fuerza me asalta por encima,
entonces,
me entrego al fuego de la vida,
y todo se vuelve
una política exclusiva de resistencia.
Recobro las mañanas,
mi animal feroz,
mis lunares,
la tentación,
los ojos enormes con que miro al mundo.
Debato contra,
cuerpo a cuerpo
entre la pérdida y el deseo.
Los astros ordenan
subvertir el orden del mundo,
rearmarse a base de una fuerza ajena,
voluntad sobrenatural,
reconstruir la inmensidad,
insisto testarudamente
en estar cerca de la propia ilusión,
por más errática, solitaria o insolente
que sea.
Ahora,
la piel curtida de tanto cuero roto,
el alma hecha carne,
las manos en las estrellas.
Ahora sé que
duelarme fue un oráculo bien dicho,
una decisión pertinente,
de eso se trata:
dejar que la vida te pase,
que la magia clave hondo,
volver a creer, trabajar el dolor,
tomarse un respiro, arriesgarse
y viajar ardiendo tan adentro hasta reescribir,
poco a poco, los restos del derrumbe.



Ilustración: Paula Solari

Aceptación V

Tengo vida acá contenida,
estoy borrosa pero no sorda
aguda estoy
esperando
me
a mí.




Ilustración: Paula Solari

Duelo

Y entonces desperté
y comprendí que todo se había desplomado,
quedé en un loop sin retorno
las paredes frías,
las sábanas en un impasse
sin resiliencia

Un duelo es una casa que se incendia
el recoveco hueco por donde se escurre
lo que fuimos

Las imágenes nítidamente borrosas
ya no se actualizan
solo quedan
en un boomerang que arde


Invierno

El frío me repliega
en esa ajenidad
intensa
de encontrar
otra
yo
esa extranjería de celebrarme como nunca

viernes, 5 de junio de 2020

Lo que importa son los lazos humanos, un Estado que proteja y cosas básicas.



Entrevista a Alejandra Bosch. Fundadora del festival de poesía de Arroyo Leyes.

Alejandra Bosch es artesana, panadera, poeta, editora, fundadora del festival de poesía de Arroyo Leyes y de la Editorial Ediciones Arroyo. Conversamos con ella mientras escuchamos en el fondo de sus audios lo que parecería ser a alguien pintando o, dibujando. Ella es gestora cultural, una de las tantas tareas afectadas por un sistema social que espera de los artistas y trabajadores una constante muestra de amor por lo que hacen, lo cual se confunde, muchas veces, con voluntarismo. Al mismo tiempo, las actividades culturales se ven, también, imposibilitadas por las medidas sanitarias a efectos del Covid-19. Por este motivo, el Festival de Poesía, en esta ocasión, es virtual y se realizará los días 11, 12 y 13 de junio.


Flyer realizado por Daniela Camozzi



Misael: Buenos días, Ale. Antes que nada, quería preguntarte cómo estás, en medio de este contexto depredador de las subjetividades que, sin embargo, no imposibilita la realización del festival de poesía que llevás a cabo junto con la compañía de Julián. Según tengo entendido, el encuentro y el calor humano son unas de las principales características del Festival.  ¿Fue una decisión sencilla realizarlo de manera virtual?

Alejandra:  Me va más o menos bien. Estoy acostumbrada a vivir con mínimos recursos, siempre he trabajado como artesana, tejedora, panadera (ahora) y librera. Soy una trabajadora informal desde siempre. Tengo ideas claras de lo que es el consumo, así que la cuarentena, desde el punto de vista subjetivo, al estar en esta casa hermosa que tengo, no ha sido un gran problema, salvo algunos días, en los que uno se encuentra con su ser, pero supongo que le pasa a todos, ya que al frenar la vida del capitalismo feroz en el que estábamos inmersos permite que aflore lo que está siendo tapado permanentemente.
Me considero una privilegiada, vivo en un pueblo muy lindo, en una casa grande con muchos árboles, tengo cuatro gatitos y un perrito, vivo con mi hijo que, también, es artista plástico. Por lo que la cuarentena, en sí, no me ha sido pesada. Recibí muchas muestras de cariño de compañeres de la zona, también artistas, que se acercaron a preguntar si tenía para comer. A mí me ha servido mucho para reafirmar algunas ideas.
El motivo de que el festival sea virtual es que la virtualidad nos ha estado sosteniendo a todes desde el primer momento de la pandemia. Pero, en realidad, la virtualidad es algo que se ha impuesto e impera en nuestras vidas desde hace años. Todo lo que hacemos o gestionamos a larga distancia ha sido forjado en la virtualidad, ya sean los libros de Ediciones Arroyo, o libros de mi autoría para otras editoriales, incluso el festival mismo. Estas herramientas me han permitido difundir entonces mi trabajo como escritora, pero también como editora y recicladora. Permitió que haya instalado en el imaginario la idea que tengo, y el concepto que tengo, a través de lo que difundo en las redes sociales, o sea que para mí el hecho de que el festival sea virtual no es algo que me resulte extraño. Simplemente es aprovechar esta herramienta para seguir sosteniendo la comunicación entre nosotros.

M: ¿Te sorprende la cantidad de personas que se sumaron al festival? Si bien no tengo la cifra exacta, estuve viendo que son más de sesenta y que, además, hay algunos que provienen de otros países. Con esta modalidad ¿Achicamos distancias?

A: No me sorprende la cantidad de poetas, ni que sean de otros países, ni que día a día se sigan sumando. A todos les decimos que pueden hacerlo porque en realidad, el festival que es un éxito (en el sentido más interesante de la palabra), es la culminación y el anhelo de tanto trabajo que se ha hecho desde la editorial y la verdad es un festival que se toma más como un campamento poético, descolgarse de actividades que generalmente consumen la materia humana. Venir hacia Arroyo Leyes, es desprenderse un poco de algunas actividades, y no me sorprende la cantidad de poetas porque, generalmente, esas personas vendrían si no fuese por los costos de la vida, o la complicación que implica la “vida normal” hace que mucha gente no pueda. Creo que en realidad lo que agiliza que el festival sea virtual es que esas complicaciones no surjan y poder participar con un video a través de las redes sociales.

M: De alguna manera es una especie de reconocimiento al recorrido realizado el hecho de que los y las poetas anhelen ese espacio de encuentro en Arroyo Leyes.

A:De hecho, uno de mis sueños es tener una gran casa donde poder alojar a todos los poetas del país o extranjeros que quieran venir. Me encanta que el festival sea tan anhelado. Me gusta continuarlo, aunque terminemos agotados acá en casa. Los primeros años decía “no lo vuelvo a hacer” y a los dos meses ya estábamos preparando el siguiente. Creo que son una parte importante de nuestras vidas, las relaciones humanas que hemos establecido a través de Ediciones Arroyo y el festival de poesía, ya que nos ha dado amigos y posibilidades infinitas de cariño y de afecto.

M: Más allá del encuentro en el FdP, la reserva poética, que han construido, sigue allí todo el año, aunque no esté la muchedumbre de poetas. ¿Cumple alguna función social para el pueblo?

A: En casa, Julián y mi ex pareja habían abierto una escuelita de arte que funcionaba a partir de donaciones, en la que se enseñaba a pintar y a dibujar. Hubo un interés fuerte por parte de la gente y les niñes del pueblo. Fue una iniciativa que se va a volver a activar, incluso unos vecinos que, también tienen una reserva (biológica) nos han propuesto unir las reservas en un proyecto de colocar los nombres de los poetas en cartelitos que se ubican en las casas de los vecinos que reciben la idea. A pesar de  ser una localidad pequeña es una localidad que recibió una gran cantidad de Préstamos Procrear con el gobierno de Cristina Kirchner, por lo que estamos ante esta idea de que, más allá de esa “explotación demográfica”, se reserve el patrimonio natural y el cultural. Nosotros tenemos casi treinta personas que llegan hasta casa con bolsas con sachets y cajas de leche porque saben que con eso hacemos libros. Por supuesto, hay gente que desconoce lo que hacemos, pero saben también que del portón para adentro hay una editorial. Nosotros tenemos una decisión política de ofrecer esta alternativa, que es una alternativa de vida en definitiva.

M: Es, efectivamente, una pena que las ganas no basten para algunos procesos sociales, y que se tenga que depender de que haya alguien que pueda donar materiales, o de alguien que esté dispuesto a trabajar gratis. Uno puede hacer muchas cosas por amor, no tengo una mirada económica de las cosas, pero si una mirada de reconocimiento hacia el trabajo que realizan las personas. Lo que no debería depender, necesariamente, de les niñes que aprovechan los recursos humanos de Ediciones Arroyo, sino más bien del Estado. Es necesario, y debería imperar, reconocer a los trabajadores informales, sobre todo si llenan un vacío social redistribuyendo el capital cultural.  Si no, lo que ocurre es que la redistribución de ese capital cultural siempre queda secundada a la posibilidad de algún voluntarismo, o de que alguien tenga la amabilidad de hacer donaciones. Y, finalmente, cuando se reclama un apoyo económico, aparecen más vacíos, y sería interesante que no suceda solo desde el amor y desde el desear que otros puedan acceder, aprovechando de hacer lo que se ama, pero a veces se olvida que la gente, aparte de hacer lo que ama, tiene que vivir.

A: Ni el reloj trabaja gratis. Era un proyecto muy interesante, con mucha repercusión, hasta que se pretendió una mínima remuneración. Entonces, ahí uno elige. Y no siempre se puede hacer, a la vez, el trabajo que da de comer y el que uno ama. En la comuna, en ese momento, no había presupuesto y, a pesar del cambio de gobierno en Santa Fe, con gente más piola en cultura, en estas circunstancias es difícil de gestionar, porque están más preocupados en si comemos o no, lo que es necesario. Por otro lado, no autorizo a que los pdf’s de mis libros circulen de manera gratuita porque estoy viva y es uno de los tantos, pero pocos, ingresos que tengo en mi casa.

M: A veces lo progre se come la empatía. Me refiero a que lo que uno decida hacer con su obra es algo personal. Que algunas personas, decidamos liberar nuestras obras, no tiene que suponer la idea de que todo el mundo tiene la posibilidad o el privilegio de hacerlo. Creo que hay privilegios en lo “progre”. Por eso, creo que es necesario ser bien cautos a la hora de juzgar, sobre todo, si se trata de compañeres que trabajan con la cultura, o para la cultura.

A: Absolutamente, necesito vivir de eso. Es mi trabajo. Estoy de acuerdo con los rasgos de la personalidad, junto con las definiciones políticas o ideológicas, que poseamos individualmente, pero es otra cosa cuando el proyecto se vuelve comunitario y la comunidad, justamente, pretende asumirlo como comunitario, no me parece que deba ser un trabajo necesariamente gratuito. Si este mundo no fuese rabiosamente capitalista yo no tendría por qué depender de ello para mi subsistencia, dado que hago tantas cosas que no son productivas y no son de interés de mercado. Hay un vacío en términos de respuestas económicas, por parte del Estado, respecto de lo que hacemos los gestores culturales. La idea sería que podamos priorizar el arte, pero no siempre es posible.
Pienso que, a veces, uno peca de tímido o de querer agradar al público que piensa que ha cautivado, o prioriza la imagen que otros tienen sobre uno, pero al sincerarse o exponer la propia realidad se toma noción de que la gente había percibido a una tal cual es. La cuarentena me permitió reconocer esa parte. Me han comprado libros que quien sabe cuándo voy a poder entregar, y esa es una respuesta al mensaje que estoy dando desde Arroyo Leyes. El mandato capitalista hace que se confundan los tantos. De la cuarentena rescato la caída de la careta, positivamente. Lo que importa son los lazos humanos, un Estado que proteja, salud pública y cosas básicas.

jueves, 4 de junio de 2020

La poesía es un martillo que rompe los espejos del lenguaje


Para esta ocasión compartimos unos poemas de Jordi Altamirano, un poeta extraordinario de la ciudad de Reconquista, que seguramente nos va a sorprender muchísimo. Su cosmovisión del mundo camina de la mano de su poesía íntimamente existencial. Se recuesta sobre el lado humano de las cosas en una cotidianidad cargada de preguntas. Una poesía que parece nunca terminar de interpelarnos. 

Por otro lado, tenemos una delicada pero violentísima ilustración de Mariana Goñi, de la ciudad de Tostado. Una ilustración digital que deja perplejo a quien se detiene a observar.  ¿Qué nos dice? ¿Distancias? ¿Verticalidad del poder?

Aristimuño

Después hizo frío y tuve que abrazarme
Puse música de Aristimuño
(vos tenías una foto de Aristimuño
pegada en tu heladera)
Me senté frente a la computadora
miré para afuera no
quería preguntarme
por qué aletargo los atardeceres
por qué no sé qué hacer conmigo
por qué siempre dejo los porqués
para contestarlos más tarde
ahora
                    solo
los autos se pasearon
por la calle del edificio
Un perro olisqueó el color
que salió de la panadería
Busqué que las hojas de los árboles
asediadas por el otoño
me dieran un mensaje
Busqué tu nombre en la luz
entre el silencio de mi pieza
Busqué a mí mismo en un cuento
no voy a poder dormirme
Tomé otro mate y acaricié el teclado
mientras la temperatura bajaba
Después hizo frío y me abracé
Puse una canción de Aristimuño
(vos tenés una foto
pegada en tu heladera)
Vos estás lejos
Yo también







Ilustración: Mariana Goñi




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Las grietas avanzan
tumban la cal
sobre los muebles
las fotos
la carta olvidada en el rincón

Hay un pedacito del techo
que no está triste
todavía
quedan los vestigios
de un cielo que no fue




Mi nombre es Jordi Altamirano. Soy de Reconquista, pero estudio Filosofía en Santa Fe. Escribo narrativa y poesía. No sé muy bien cómo; no sé muy bien para qué. Creo que el arte es siempre para otro y que es la forma más luminosa de tocar la realidad.

Mariana Goñi es de la ciudad de Tostado, Santa Fe. Realiza sus estudios terciarios en Santa Fe Capital, a la vez que es artesana, coordina talleres de Origami y Poesía. Participó de diversas muestras en ambas ciudades.

domingo, 31 de mayo de 2020

Melisa Mauriño- María José Cabral


Querides! Hoy les traemos para compartir una serie de poemas y una serie de ilustraciones. Las artistas que participan, muy amablemente, en esta ocasión son Melisa Mauriño y María José Cabral. Melisa nos comparte poemas de sus diversos libros, los cuales parecieran tener el eje común de perder lo estrictamente cotidiano en la profundidad de las estructuras psicológicas. Por otro lado, María José nos ofrece las líneas suaves de un arte dicho con la vehemencia de quien se implica de manera directa en la observación.
Agradecemos a ambas por participar, y por su tiempo y, en otro pequeño paréntesis, detenemos el agradecimiento en María José que realizó las ilustraciones especialmente para la ocasión.
Al final de la entrada podrán leer las mini biografías de las artistas.

Pasaje

Una polilla se apagaba
se dejaba estrangular por las horas
agarrada a la pared de la sala de hospital
donde los vientres
estaban a punto de abrirse

supe que aun con su agonía a cuestas
quizás debido a ella
era todavía parte del mundo
porque al tocarla con mis yemas sentí
la gamuza de su cuerpo
recibirme humana
en su ser de insecto

¿te conté que antes de morir,
cuando no se aparean,
se vacían el útero de huevos
que están vacíos?

Estaba en eso cuando la acosté en mi mano
y el suyo era un cuerpo en coma
que reconocía la piel
con un profundo silencio

¿te dije que sus alas huelen como el polvo
acumulado sobre los muebles
después de una larga ausencia?

¿que es preciso desplegar muy grandes
los párpados para ver el salto inaugural
que la devuelve añeja, recién nacida
a la caricia del crepúsculo
guiando su último vuelo
de regreso a la tierra?

La piel de la oruga (Viajero Insomne, 2016)

Ilustración inédita de María José Cabral para Brote Roído.

***
Yo dije el mar

Una vez yo dije el mar
y estábamos desnudos
vos y yo
como dentro de una caja de zapatos
con algunos orificios
para el aire

lo recordé ayer
al bajar del colectivo
que me deja justo
frente al hospital
del cáncer

esperando un cambio de luz
para cruzar la calle
vi la playa
tan vacía como antes
esa tarde
bajo el peso de tu cuerpo

un paraguas destrozado
como un ave marina
que deja sobre la arena una huella
a la par que la borra

mientras la piel
pegada a los huesos
varillas de metal que sostienen
la lluvia, se agujerea como tela
del color de la carne de un molusco

ahí estaba
un paraguas caído
cadáver de alas abiertas
en medio de la calle el dolor
de inventar otra vez
el recuerdo del mar

yo dije el mar
como podría haber dicho
la cama
con las sábanas revueltas
como espuma

La piel de la oruga (Viajero Insomne, 2016)


Ilustración inédita de María José Cabral para Brote Roído.

***
Podría llevarme en brazos
hasta su cueva
y desnudarme,
lavarme con su lengua
de pies a cabeza, como lo haría
una gata con su cría.

No haría nada por detenerlo,
no haría nada.

Se acerca a la sombra
(mi sombra sobre la que estoy tendida)
donde descanso del camino,
lleva su manto de oveja
echado a los hombros, debajo
su piel de lobo.

(el  bosque hiela de noche)

Se deja ver a medias,
también necesita un ser
entero para sí, deseado en todo su mal
(con todas sus cruces)
en tanto está cercenado
de su imagen que lo mira disfrazarse
y admira su destreza
camaleónica.

La máscara se ha quedado
pegada al rostro, al pellejo, si tira
se desgarra;
toda su verdad sigue siendo
una gran mentira, caramelos
ácidos
que me hacen doler la panza

son cuentos como diapositivas
que pasan, que cambian
sus escenarios, sus personajes, mientras él
sigue siendo el mismo y brilla
en medio del caos. Él brilla.

(su oscuridad le imprime una belleza
poco común, el bosque
se derrama de flores y gotas,
se alarga hacia la luz de la luna
en su presencia)

Veo sus ojos entre las hojas, me dicen
que debo temer y que no tenga miedo,
me enseña los límites
del abismo, lo ilimitado de la entrega
me invita
a lo que vendrá y yo me adelanto
en sus ojos lo veo, nos veo
renacer.

Su sombra se funde
con la mía
se estremece sobre las flores
se tiñe de sangre, como un anochecer
él se aparta y mi sombra
ya no está pegada a mi cuerpo
sino al suyo.

Lo miro, lo atraigo hacia mí
sin palabras, con un deseo
que me avergüenza y que esta noche
no me deja dormir. Lo miro
directo a los ojos, ahí
lo que vendrá, como si fuera posible
revelarle un secreto que ya conoce:

He conocido el placer
de tu mordida.

El vientre del lobo [un cuento oscuro] (Tanta Ceniza Editora, 2020)


Bonus de Melisa:


QUISE ENHEBRAR EL OJO DEL CALAMAR
no tenía claro si la tinta era sangre o sólo tinta
como cuando se corre lo que escribo y se mancha,
como cuando lastima
los puntos en la herida cuando se va secando el poema
¿cuántos puntos o versos
hasta que se alivia lo incurable?

tenía ocho años y extendía sobre la mesa el cuerpo
flexible, tendida en la bandeja
de aluminio reluciente espejo
mi imagen, el bisturí
un tallo plateado entre los dedos
las suaves membranas de la piel
los tentáculos salinos
tan húmedos y sus cráteres rosados,
quería lamerlos y ensuciarme los labios
y las manos con su jugo
azul o negro, probar
su rigidez con mi lengua

yo escribo porque duele y la pluma se desborda
pero si fuera sangre, ¿qué pasaría?
¿o acaso no es sangre lo que se enfría y se va
tornando oscuro, escritura
debajo de la terca paciencia de un cadáver?


(poema de un libro inédito)

………………………………………





María José Cabral: Artista visual, ilustradora, docente. Egresada de la Universidad Nacional Córdoba. Fue asistente de artistas argentinos y extranjeros. Becaria del programa de residencias El Levante. Asistió a clínicas de obra, cursos de gestión, curaduría, ilustración y capacitación docente.Sus trabajos se exhibieron en muestras colectivas, individuales y publicaciones. Actualmente vive y trabaja en Buenos Aires.  




MELISA MAURIÑO (Buenos Aires, 13 de diciembre de 1985). Licenciada en Psicología por la Universidad de Buenos Aires. Escribe poesía y narrativa. Publicó los poemarios «La piel de la oruga» (Viajero Insomne, 2016); «La Dalia Negra y otros poemas criminales» (Al Filo Ediciones, 2019); «The Joke [la broma] a tribute to Joker» (mardelobos, 2020); «El vientre del lobo [un cuento oscuro]» (Tanta Ceniza Editora, 2020). Publicó su primera novela «Nínfula» (mardelobos, 2019) -libro I de La Trilogía de lo perdido- de manera independiente y autogestiva.