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viernes, 19 de junio de 2020

"Cuando cualquier cosa cambia en nosotros, ya nos cambió enteros"



Diego Planisich es poeta y gestor cultural. Es de la ciudad de Avellaneda (Santa Fe). Se lo cataloga, a veces, como “El poeta del río”, pero no deja de ser una parte pequeña de su poesía, en la que aflora la naturaleza a través de una contemplación respetuosa e inquietante. Coordina talleres literarios de lectura y escritura. Es autor de tres libros: Arrullo (Corteza Ediciones 2014), Dos luces de frente (Editorial Palabrava 2019) y Grayskull (Corteza Ediciones2019). Además, coordina junto a Luciana Paruzzo el ciclo de poesía La Mecha.

Son las nueve de la mañana. Espero el mensaje de Planisich. Me escribe finalmente: “En seguida salgo para allá”. Cordialmente, Diego, se acerca hasta mi casa a tomar mates, engañado de que vamos a hablar de Literatura. Y hablamos de Literatura. Hablamos de Grayskull. Al final de la -entrevista-, compartimos una serie de poemas del libro.




Misael: Leyendo Grayskull, sentí que Carina Radilov Chirov, quien escribió el Prólogo,  leyó con mucho amor el libro, lo cual es un gran trabajo de reconstrucción. La naturaleza siempre está, y generalmente, en un estado de cambio, de mutaciones, versos en presente que van yendo hacia el futuro, por ejemplo: “Comienza a llamarse patio” es una construcción que está en presente, pero un presente invadido por la transformación.

Diego: Eso tiene que ver con el proceso de construcción, es decir, no solo tiene que ver con la casa, justamente. La casa no es sólo lo que está entre las paredes, sino toda la superficie, y el patio es una parte importante de aquello. Tiene que ver con eso, la construcción del patio, las primeras plantas, los primeros arbolitos que puse, el césped, acomodar la tierra. Con respecto a la naturaleza, fíjate, no es algo que yo tenga en cuenta, ya que no soy un gran lector de Haikus, pero Carina en el prólogo menciona esa cuestión, el parentesco. Los haikus no son solo estructuras, sino también la contemplación de lo natural.

M- Esta tendencia hacia el futuro, tiene que ver con el reconocimiento de lo incontenible de alguna manera (me vas a guiar), es decir, lo incontenible de la naturaleza, incluso en el encierro del concreto. Este título “Comienza a llamarse patio” es la representación de lo incontenible, es como si pudieras decir que “comienza” infinitamente.

D: Exacto, es que estamos viviendo  una especie de futuro constante ¿no? El presente pareciera no existir, es una construcción para nombrar el ahora que continuamente está cambiando. Podés decir tranquilamente que se está escribiendo el futuro. Hay un libro de Mario Ortiz,  gran poeta de Bahía Blanca, que es muy experimental con el lenguaje, y en la tapa hay un televisor o, mejor dicho, la carcasa del televisor, como el encuadre que le faltaba a la pintura, lo puso en su casa delante de los arbustos y miraba y veía el arbusto que se movía, o que no se movía. Y él decía “Lo que yo estoy viendo acá, parece que está quieto, pero no lo está”.

M: A mí también me pasaba un poco, esto te lo mencionaba antes. La sensación que me genera leyendo Grayskull es que aflora lo cotidiano y lo inmediato, pero siempre a través de la abstracción y lo extendido, pareciera una contradicción epistemológica, pero es lo que se logra, justamente, con el objeto artístico, que es lo que señala en el prólogo Carina Radilov. No siempre se logra aquello que parece inherente a la literatura. ¿Ese lenguaje o esa búsqueda parte de la conciencia? ¿Tiene que ver con tu cosmovisión del mundo?

D: Hay algo que tengo presente siempre, es esta cuestión de decir sin decir. Si yo te digo que mires X no es para que me digas “sí, estoy viendo x”, es para que te pase otra cosa con lo que estás viendo. Por eso, puedo nombrar algo para que se lea, no la palabra, sino para que lleve a otro lugar. Hay uno de los poemas que se llama “Bicicleta de río” que habla de ese cuadro, llevo mi cámara para capturar,  es como que saco una foto desde arriba del kayak, para tomar un paisaje que va a cambiar, que nunca más va a estar igual.

M: Y por ejemplo en Tacto, nos llevás, hacia lo que estás mencionando, como una especie de apuntalamiento del devenir. Te planto este poema, esta imagen, y el “yo” poético nos lleva (lo que venimos hablando) a algo que no va permanecer, que va a estar cambiando, pero que él pudo ver.

D: Agustina Lezcano me hacía una entrevista, y me comentaba, rescataba esa parte que dice “Qué cosas se irán perdiendo/ cuando nadie las reclame” ¿Entendés? Es lo que me interesa siempre. Escribir a 120 km por hora le puso a la entrevista Mariano Peralta. Es un poema que está en dos luces de frente, y tal cual. He “escrito” poemas manejando (cosa que no se debe hacer) y… es una metáfora de que siempre estoy escribiendo. Cuando estoy quieto me cuesta. Ahora en la cuarentena, no estoy escribiendo prácticamente.

M: Precisás el movimiento de las cosas para construir. Las búsquedas de este libro se dan en el contexto de construcción de tu casa ¿Qué es eso de que la ciudad entre a tu patio?

D: No recuerdo si Tacto fue uno de los poemas que escribí de la serie esa que tiene que ver con la casa, que tiene que ver con los primeros ocho o nueve poemas. No hay un poema que indique que sea el primero. Es una construcción general de lo que fue pasando. La casa ya estaba ahí, incluso antes de estar. Todas las ideas de las historias que vienen de otros lados…  yo me imaginaba, mientras que pedía unos camiones con tierra, de dónde venía esa tierra, aunque un poco lo sabía. De todos lados. Yo vengo de una casa donde hay un patio grande, donde hay varios perros enterrados, y una lorita y demás. Miles de cosas enterradas. Y todo eso, de alguna manera, va a parar a mi patio. De cualquier parte de la ciudad, de cualquier parte de la historia.

M: En el poema Perspectivas, el “yo” poético mantiene cierta distancia, pero no de alejamiento, sino contemplación, de respeto, hacia la naturaleza.

D: Todos los poemas nacen de la contemplación, tanto de lo que me rodea, como de lo que está dentro de mí. “Perspectiva” surge de estar parado en el baldío de al lado, miraba mi casa desde afuera, y la contemplaba como una cosa  con vida.

M: La sensación que tengo al leerte es que sos muy contemplativo, pero con ese respeto que incluso menciona el “yo” poético al final de uno de los poemas “La naturaleza ya nos habrá cambiado”. Es una construcción contrahegemónica y, si me permitís estirar la interpretación sin romperla… no sé qué papel juega lo social en tu poesía, hace a una perspectiva social con una epistemología filomarxista, me recuerda un poco a Edgar Morín. La naturaleza nos va a cambiar a nosotros y no al revés.

D: Cuando cualquier cosa cambia en nosotros, ya nos cambió enteros. Cualquier cosa que cambia en nosotros es radical y, por más pequeño que sea, ya no somos los mismos. Con respecto a lo segundo, lo vas a notar cuando te pase unos poemas en los que estoy trabajando sobre los ahogados del Arroyo del rey. Ahí lo vas a notar aún más. Hay una incidencia, uno quiere decir. Algunos sucesos cotidianos me afectan, sobre todo cuando estoy en casa o en la calle y veo algunas injusticias, por ejemplo, en Grayskull, hay un verso, no recuerdo de qué poema, que dice “los perros que parecen como globos” y eso no quiere decir otra cosa que perros chocados por vehículos que se transportan de un lado a otro.

M: Claro, es muy sutil. Cuando das vida, en el poema Grayskull, al ejército de flores, se sucede esa sensación. Contame un poco sobre tu metodología ¿Te parece?

D: Cuando hicimos el taller con Mario Ortiz, aparece esa contraposición de lo rústico, lo duro y lo natural que parece que no podrían estar juntos en un poema. Escribo en movimiento, pero me tomo el tiempo para detenerme. Escribo en el celular, ya es una costumbre, después los transcribo a mano, y finalmente los paso a la computadora. En en ese trajín se van sucediendo mutaciones. Una vez que elijo todos los poemas los pongo a todos arriba de la mesa, y ahí medio que solitos se van ubicando, cuál va primero, cuál va segundo. Todo sucede ahí. Arriba de la mesa. Todos los libros los hice así y generalmente nadie sugirió cambios. Eso es algo que adopté con el tiempo.

M: Esta pregunta no tiene que ver con la obra en sí, pero surge a través de ella. Hay un poema en el cual aparece la imagen de la birome en el pecho que empieza a chorrear tinta, si no me equivoco es “Estado”.

D: ese poema es más viejo que arrullo, que es el primer libro. Lo habré escrito en el 2012, o 2013. Surge de dos plaquetas que publiqué en aquellos años. El primero se llamó Afiches en la ciudad Boreal. Y allí estaba ese poema.

M: A su vez, ese mismo poema, más allá de que leyéndolo “por encima”, pareciera no tener una relación con el hilo del libro, tiene una gran relación  porque, aparte de los sentimientos de la casa, tiene la  idea, asociada a vos, del río. Los chorros de tinta que salen del pecho donde fue clavado el bolígrafo, podrían ser las ramas del río.

D: Bien decís. Es el poema más abstracto, quizá, hasta surreal. Yo en esa época leía mucho el surrealismo, el Libro Rojo de Aldo Pellegrini y otros más. Me había explotado la cabeza, y ese poema viene desprendido de aquella época, por eso es un poco distinto a los demás, pero a su vez marca una sensación que tiene que ver con la escritura y con el sentimiento en cuanto a todo. Es muy intenso me parece. Las palabras más urgente. Me hace acordar un poco a Roque Dalton, salvando todas las diferencias, claro. (Risas)

M: Diego, ¿cómo juega la urgencia en la escritura?
D: No sabría decirte. Pero en otro momento la urgencia tenía que ver con cualquier poema que aparecía.  He manejado con ganas de escribir. Tener que frenar, orillarme y quedarme veinte minutos estacionado bajando una idea.

M: Me contaste que estuviste en Santa Fe, y en Santiago del Estero. El poema recalculando dice “El corazón... no debería estar ahí”. Claramente, de anatomía no sabemos nada. Entonces ¿El corazón dónde? ¿Dejaste muchas partes en el camino?

D: Somos una construcción colectiva.  Las cosas que me pasaron en Santiago del Estero, quedaron allá. Pero cuando me remonto a ello y pienso vuelvo a donde quedaron esos sentires y recuerdos. Es imposible que uno se traiga todo, por eso siempre se vuelve. Seguramente, este poema fue escrito bajo enojo, o bajo la tristeza de no haber sido correspondido. Realmente, no recuerdo bajo qué circunstancias lo escribí. A veces, no querés que el corazón vaya a ningún lado.  Y bueno, en definitiva, el corazón no tiene nada que ver con lo que se siente pero, simbólicamente, es como un huesito que se rompe, se regenera.

M: En el último poema del libro “Soy un perro”  El edificio sigue incompleto, las paredes vacías, el eco pareciera hacerte compañía. ¿Cómo te llevás con la soledad? “Mi voz retumba/ en esta casa sin muebles/ ni cuadros colgados”. Partiendo de la base de que para que una voz retumbe no tiene que haber nada. Yo me interpelaba respecto de que la soledad es también una compañía, en la que el eco también representa una respuesta.

D: Es que una casa nunca se termina de construir, tanto en lo literal como en lo metafórico. Yo creo que la soledad es una buena compañera. De alguna manera, en toda mi vida mi voz retumbó. No por elección, sino por las circunstancias, soy hijo único. Entonces siempre hubo momentos donde mi voz retumbaba, y creo que por ahí viene la contemplación, porque uno se queda solo y piensa, y piensa mucho. Creo que la contemplación es una práctica de siempre en mi vida, sin embargo no es algo que yo elegí. Cuando trabajaba en Santiago, en el campo, a las siete de la tarde ya no había nada, y yo salía a correr, a veces con la luz de la luna, y lo único que escuchaba eran mis pasos. En esas instancias se escribieron muchos poemas.


Poemas Grayskull (Corteza Ediciones 2019) Colección Musgo


Tacto

Camino por la casa
veo sus rincones y me pregunto
qué envejecerá en ese lugar
qué cosas se irán perdiendo
cuando nadie las reclame

Me muevo tocando las paredes
siento la aspereza del ladrillo
meto las yemas en las hendiduras
soy un ciego buscando

Atravieso los espacios
esquivando los puntales
la luna se mete, se apoya
en el último hierro




Grayskull

Los pelos apuntan al cielo
en esta construcción
que está a media altura
Estos hierros del 12 aseguran el futuro
de una estructura que guardará secretos
Las paredes de 20 serán el claustro
de una película que rodará
permanente
en cada parte del sitio

Aún queda media carga de arena
el resto ha pasado a mejor vida
o quién sabe
Las piedras
de las que nadie sabe su procedencia
alcanzarán para los próximos metros

Ladrillos apilados,
alumnos de primaria
que el hombre tomará de a uno
y subirá a un lugar más alto
en el mundo

Hay hierros oxidados a la intemperie
me dicen que no es grave, que soportarán
un poco más de lluvia
En este lugar se construye Grayskull
y aunque sin puentes levadizos
no descarto plantar en el frente
un ejército de flores

Comienza a llamarse patio

Cada metro cuadrado
empieza a abrir sus poros
para recibir
las primeras lluvias

Los limones tardarán en llegar
pero ya se funden con la tierra
las venas subterráneas de su sangre

El sauco, que reverdece
contra toda nostalgia
renació en un balde
en el fondo de
otro patio

El día que llegue la sombra
y el azahar se vuelva nube
la naturaleza ya nos habrá cambiado


Bicicleta de río
a Daniel Cabral

El kayak
es la bicicleta de río
me dijo ese día Dani
cuando decidí comprar
Ahora tengo
embarcación
Escapo al arroyo
cuando puedo
Llevo la cámara
para encuadrar paisajes
que no volveré a ver
como si fueran una
maqueta provisoria
que desde arriba
cambian al ritmo
del cauce


Recalculando

Hay
un problema
geográfico
con el corazón:
no debería
estar
ahí


domingo, 14 de junio de 2020

Una mirada que se afila


La poesía existe en todos, y más allá de todos los lenguajes. Mientras leía los poemas que, muy amablemente, nos compartió Washington, pensaba en todas las imágenes que encontramos perdidas en los recovecos de sus versos. Imágenes cargadas del sentido que únicamente se obtiene a través de la contemplación. Una poesía de la imagen, en la que la imagen queda en un segundo plano condescendiendo así a las propias sensaciones que acarrean. Resulta interesante, pensar a la imagen como una suerte de transbordador que refleja la propia subjetividad en el papel que se lee."Personas y raíces/ se parecen/ en estos lados". La mirada del "yo" poético desestructura la forma de ver las cosas que fueron asumidas bajo un único sentido posible, bajo un único sentido común, pero sobre todo invita a lanzarse desprotegido a otras formas de sentir. Le poeta se pierde en la mirada primogénita de la poesía que no es más que una mirada del mundo, que no es menos que una lucha contra la descotidianización de la vida.

Las ilustraciones de Elisa posibilitan una lectura inalcanzable, una lectura infinita, una lectura incapaz de ser sumida bajo un sentido banal. Esta modalidad bajo la cual se constituye su arte, acude al ojo observador para finalizar, de alguna manera, la obra. Por otro lado, la amalgama de colores elegidos son perfectamente capaces de transmitir la precariedad de la tierra que se pisa. Sin dudas, la autora da una gran relevancia al relieve que encrudece el arte que a simple vista pareciera respirar en el ojo que lo mira.

Washington Atencio (Entre Ríos, 1986) es profesor de Lengua y Literatura. Reside en Paraná y da clases en los niveles secundario, terciario y universitario. En 2019 publicó Una hoguera de jazmines (Camalote) y fue parte de la colección Tres Poemas (Ediciones Arroyo). Algunos de sus textos han recibido premios y menciones. Gestiona la librería Jacarandá y coorganiza el ciclo de poesía Río Abajo. En febrero de 2020 publicó Nuestra sombra volcada en el río (Agua Viva).


Elisa Lahitte Eberbach. (Tostado Sta Fe 1992). Vive en Buenos Aires. Estudia en la Universidad Nacional de las Artes la Licenciatura en artes visuales. Se ha desempeñado en montajes de obras de Arte y visitas guiadas en el Centro de Arte Contemporáneo La Casona de los Olivera. (Buenos Aires) Participó en la Exposición colectiva “Paseo Nocturno” en el Edificio principal del Jardín Botánico Carlos Thays. (Buenos Aires-2017) y en la Muestra institucional de la Casona de los Olivera, con alumnos de la cátedra Fernicola, de Dibujo de la UNA (2019). Expuso en la muestra Sustancia del Ciclo Vivarium de Ether Arts Project y la Huella Botánica (Buenos Aires - diciembre 2019) Es encuadernadora y tiene un emprendimiento propio de producción y venta de cuadernos personalizados



Maíz


Mi madre atraviesa invisible el alambrado

y se pierde en el maizal.

No lleva un vestido vaporoso

tampoco sombrero.

El sol no la daña.



Personas y raíces

se parecen

en estos lados.



Inclina su cara

huele el maíz

lo elige para nosotros.

Comemos de su mano

los granos

como pájaros. 







Ilustración: Elisa Lahitte Eberbach


Alambre de púas



El aromito florece

cerca del alambrado.

El aire que desprende

se espuma en amarillos.



Canto desde la espiga

y el hambre palpita

en copos de azúcar dorada.



Pero es espinillo

y mi mirada se afila

en agujas que se tensan al sol.



Abandono el plumaje

y mi canto se apaga en tu nombre.

Cada tarde

elijo la rama más filosa

para estrellarme.


(De Una hoguera de jazmines, Camalote, 2019)









Anidar



Tu respiración empieza

en la punta de mis dedos.



Inicio un viaje por tus vértebras,

ruta ondulada bajo mis yemas.



El sol se siembra en tu espalda,

campo a la tardecita

donde quiero germinar.



Deseo ser esqueleto, sostenerte

en pie frente al derrumbe

pero soy piel

carne

tendón apenas.



Tu cabeza se inclina hacia atrás

como buscando.

Cabe en el hueco de mi mano. 







Ilustración: Elisa Lahitte Eberbach



Nuestra sombra volcada en el río


Abro bocas

rompo el aire con la lengua

lanzo todas las chispitas.



Él me mira

me contiene con los ojos.



Cruza el río

a lo lejos un caballo.

La llanura lo verdea.



En la tarde busco el cielo

lo acaricio

lo revuelco

me deshago.



Agua estalla en la laguna

otro mar nos da respiro

otro río me atraviesa.




Terrario


Arreglás el jardín y te miro.



La naranja es un sol

a la siesta, relámpago cítrico

estallido en mi lengua.



Mis manos

vuelven al niño

que busca semillas,

porotos, granos de maíz.



Resultaba fácil

la tarea de naturales

viviendo tan cerca del suelo.



El campo fue mi germinador.



Bebimos la luz con fauces abiertas

nombramos el cielo y el agua,

quisimos brotar.



En tus manos

llenas de tierra

escupo una semilla

y espero.


G
alope ciego 

Entierro todas las miradas

semilla por semilla

para que puedas nacer.



Vengo del calor

pero aprendí a desconfiar

de la calma.



El frío

otra palabra.

El mar

lengua que se arrastra.



Con la boca sumergida en tierra

gritás trigo, cuchillo, fogata.



Latido seco

voz que se anuda

en tu camisa.



Agarrado a las crines de un recuerdo

beso párpado y horizonte.



Te sueño como se aguarda la lluvia.


(De Nuestra sombra volcada en el río, Aguaviva, 2020)




jueves, 11 de junio de 2020

Porción angular del alma


En el día de hoy les compartimos unos poemas y una ilustración de Emanuel Marty. El "yo" poético retrata las sensaciones con una sencillez que sorprende al calar las profundidades desde la liviandad. Podríamos pensar, tranquilamente, que rompe el límite de lo sencillo. Quizás, no se trate de sentir más cosas, sino simplemente de atender lo que se siente. "El agua fría(...) también quema" Su "yo" poético desnaturaliza algo tan cotidiano como pequeño. Emanuel, tal vez, mira las letras con su cámara, para no dejar de sorprenderse con las cotidianidades.
La ilustración, también de su autoría, fue realizada con fibra sobre papel ilustración. Por último, compartimos otro poema de su autoría.

Emanuel Marty [mir.etrato]

Nací en San Jorge en 1989, donde actualmente vivo y trabajo. En 2014 hice un seminario de Encuadernación Artesanal en el centro cultural de la Siberia (UNR), a cargo de Rodrigo Castillo. En 2015, obtuve el titulo de Diseñador Industrial de Objetos. En 2016 terminé el taller anual de Heliocopía en la Escuela Municipal de Artes Plásticas Manuel Musto, a cargo de Mabel Rodriguez. En 2019 hice clínica de obra con Diego de Aduriz. Recientemente, acabo de publicar Fauna Permanente, mi primer poemario. Realizo pinturas y fotografías de forma autodidacta. 


Acueductos


no llovió
no cayó una sola gota
la caldera está rota

el sol brilla
como nunca

hoy
no está nublado
pero algo empaña
los vidrios
como si fuera invierno

la caldera
sigue rota y
las canillas
cerradas
los espejos transpiran

las paredes
humedecen
y aunque el patio esté
completamente seco
la casa se ahoga

hay inundaciones
internas y
el agua cuando cae
demasiado fría
también quema



Ilustración: Emanuel Marty

L

Sos el resultado de todas las operaciones a las que sometiste tu tránsito

Te has embotellado, solo para contenerte

Pudiste escapar del caos, encontrando el orden inverso
la porción angular de la piedra de tu alma






martes, 9 de junio de 2020

Contrahegemonía del dolor

En el día de hoy, les compartimos unos poemas de Victoria Alcala de su libro La magia en el derrumbe, por Ediciones Presente. En su libro que es, de alguna manera, una oda contrahegemónica del dolor, o dicho de otra manera, de cómo se construye el dolor en las subjetividades en relación a lo que duele. La bandera de dolerse para sentirse vivir, planta una lucha ante una dinámica social donde la velocidad impera e invita, justamente, al olvido de todo lo que provoque angustia. 

Por otro lado, Paula Solari, quien nos compartió dos ilustraciones con motivos bien distintos. La primera de ellas representa de una manera feroz la voluntad del sentir la vida. En ella los colores y la profundidad generan un clima sumamente oscuro que se desvanece con las cartas en la mano. La segunda ilustración es un collage con tintes minimalistas que representa el reconocerse como sujeta de deseo, tal y como lo plantea, a su vez, Victoria.

Victoria Alcala es licenciada en Letras, bailarina, investigadora. Docente en el nivel secundario, terciario y universitario. Becaria doctoral (CONICET-UCA-CILA). Instructora en Arteterapia (IASE-ISSO-UBA). Forma parte del Grupo de Estudios de Danza Argentina y Latinoamericana (UBA). Como becaria e intérprete en el Grupo de Experimentación de Artes del Movimiento (UNA, 2013-2014)bailó en obras compuestas por Fabián Gandini, Rhea Volij, entre otros. Adscripta en 2015 en GEAM, formó parte del equipo de investigación de “Tecnología aplicada a la danza” (UNA). Dictó clases en “Taller de Expresión Corporal” para proyecto “Nexos” en el Hospital Borda y en Arteterapia para “Unidad Sanitaria N° 5” (Secretaría de Salud, Avellaneda). Editora en revista “Giró Cartelera” (2012-2016). Premios provinciales de poesía (2002-2006).

Paula Solari (Las breñas- Chaco) completó sus estudios como Trabajadora Social. Actualmente, estudia el Profesorado de Teatro. Actuó en diversas obras en la ciudad de Reconquista y la región. En 2019 ilustró de manera completa el libro Robarle al cuerpo lo que está de más, también por Ediciones Presente.. Fundó Pajarraco, donde realiza juguetes artesanales con madera, una idea extraordinaria teniendo en cuenta que la impronta de dichos juguetes tiene una estrecha relación con las miradas pedagógicas actuales.

La magia en el derrumbe

Se impone:
restituir sentido
no sé dónde,
por donde sea.
Una fuerza me asalta por encima,
entonces,
me entrego al fuego de la vida,
y todo se vuelve
una política exclusiva de resistencia.
Recobro las mañanas,
mi animal feroz,
mis lunares,
la tentación,
los ojos enormes con que miro al mundo.
Debato contra,
cuerpo a cuerpo
entre la pérdida y el deseo.
Los astros ordenan
subvertir el orden del mundo,
rearmarse a base de una fuerza ajena,
voluntad sobrenatural,
reconstruir la inmensidad,
insisto testarudamente
en estar cerca de la propia ilusión,
por más errática, solitaria o insolente
que sea.
Ahora,
la piel curtida de tanto cuero roto,
el alma hecha carne,
las manos en las estrellas.
Ahora sé que
duelarme fue un oráculo bien dicho,
una decisión pertinente,
de eso se trata:
dejar que la vida te pase,
que la magia clave hondo,
volver a creer, trabajar el dolor,
tomarse un respiro, arriesgarse
y viajar ardiendo tan adentro hasta reescribir,
poco a poco, los restos del derrumbe.



Ilustración: Paula Solari

Aceptación V

Tengo vida acá contenida,
estoy borrosa pero no sorda
aguda estoy
esperando
me
a mí.




Ilustración: Paula Solari

Duelo

Y entonces desperté
y comprendí que todo se había desplomado,
quedé en un loop sin retorno
las paredes frías,
las sábanas en un impasse
sin resiliencia

Un duelo es una casa que se incendia
el recoveco hueco por donde se escurre
lo que fuimos

Las imágenes nítidamente borrosas
ya no se actualizan
solo quedan
en un boomerang que arde


Invierno

El frío me repliega
en esa ajenidad
intensa
de encontrar
otra
yo
esa extranjería de celebrarme como nunca

viernes, 5 de junio de 2020

Lo que importa son los lazos humanos, un Estado que proteja y cosas básicas.



Entrevista a Alejandra Bosch. Fundadora del festival de poesía de Arroyo Leyes.

Alejandra Bosch es artesana, panadera, poeta, editora, fundadora del festival de poesía de Arroyo Leyes y de la Editorial Ediciones Arroyo. Conversamos con ella mientras escuchamos en el fondo de sus audios lo que parecería ser a alguien pintando o, dibujando. Ella es gestora cultural, una de las tantas tareas afectadas por un sistema social que espera de los artistas y trabajadores una constante muestra de amor por lo que hacen, lo cual se confunde, muchas veces, con voluntarismo. Al mismo tiempo, las actividades culturales se ven, también, imposibilitadas por las medidas sanitarias a efectos del Covid-19. Por este motivo, el Festival de Poesía, en esta ocasión, es virtual y se realizará los días 11, 12 y 13 de junio.


Flyer realizado por Daniela Camozzi



Misael: Buenos días, Ale. Antes que nada, quería preguntarte cómo estás, en medio de este contexto depredador de las subjetividades que, sin embargo, no imposibilita la realización del festival de poesía que llevás a cabo junto con la compañía de Julián. Según tengo entendido, el encuentro y el calor humano son unas de las principales características del Festival.  ¿Fue una decisión sencilla realizarlo de manera virtual?

Alejandra:  Me va más o menos bien. Estoy acostumbrada a vivir con mínimos recursos, siempre he trabajado como artesana, tejedora, panadera (ahora) y librera. Soy una trabajadora informal desde siempre. Tengo ideas claras de lo que es el consumo, así que la cuarentena, desde el punto de vista subjetivo, al estar en esta casa hermosa que tengo, no ha sido un gran problema, salvo algunos días, en los que uno se encuentra con su ser, pero supongo que le pasa a todos, ya que al frenar la vida del capitalismo feroz en el que estábamos inmersos permite que aflore lo que está siendo tapado permanentemente.
Me considero una privilegiada, vivo en un pueblo muy lindo, en una casa grande con muchos árboles, tengo cuatro gatitos y un perrito, vivo con mi hijo que, también, es artista plástico. Por lo que la cuarentena, en sí, no me ha sido pesada. Recibí muchas muestras de cariño de compañeres de la zona, también artistas, que se acercaron a preguntar si tenía para comer. A mí me ha servido mucho para reafirmar algunas ideas.
El motivo de que el festival sea virtual es que la virtualidad nos ha estado sosteniendo a todes desde el primer momento de la pandemia. Pero, en realidad, la virtualidad es algo que se ha impuesto e impera en nuestras vidas desde hace años. Todo lo que hacemos o gestionamos a larga distancia ha sido forjado en la virtualidad, ya sean los libros de Ediciones Arroyo, o libros de mi autoría para otras editoriales, incluso el festival mismo. Estas herramientas me han permitido difundir entonces mi trabajo como escritora, pero también como editora y recicladora. Permitió que haya instalado en el imaginario la idea que tengo, y el concepto que tengo, a través de lo que difundo en las redes sociales, o sea que para mí el hecho de que el festival sea virtual no es algo que me resulte extraño. Simplemente es aprovechar esta herramienta para seguir sosteniendo la comunicación entre nosotros.

M: ¿Te sorprende la cantidad de personas que se sumaron al festival? Si bien no tengo la cifra exacta, estuve viendo que son más de sesenta y que, además, hay algunos que provienen de otros países. Con esta modalidad ¿Achicamos distancias?

A: No me sorprende la cantidad de poetas, ni que sean de otros países, ni que día a día se sigan sumando. A todos les decimos que pueden hacerlo porque en realidad, el festival que es un éxito (en el sentido más interesante de la palabra), es la culminación y el anhelo de tanto trabajo que se ha hecho desde la editorial y la verdad es un festival que se toma más como un campamento poético, descolgarse de actividades que generalmente consumen la materia humana. Venir hacia Arroyo Leyes, es desprenderse un poco de algunas actividades, y no me sorprende la cantidad de poetas porque, generalmente, esas personas vendrían si no fuese por los costos de la vida, o la complicación que implica la “vida normal” hace que mucha gente no pueda. Creo que en realidad lo que agiliza que el festival sea virtual es que esas complicaciones no surjan y poder participar con un video a través de las redes sociales.

M: De alguna manera es una especie de reconocimiento al recorrido realizado el hecho de que los y las poetas anhelen ese espacio de encuentro en Arroyo Leyes.

A:De hecho, uno de mis sueños es tener una gran casa donde poder alojar a todos los poetas del país o extranjeros que quieran venir. Me encanta que el festival sea tan anhelado. Me gusta continuarlo, aunque terminemos agotados acá en casa. Los primeros años decía “no lo vuelvo a hacer” y a los dos meses ya estábamos preparando el siguiente. Creo que son una parte importante de nuestras vidas, las relaciones humanas que hemos establecido a través de Ediciones Arroyo y el festival de poesía, ya que nos ha dado amigos y posibilidades infinitas de cariño y de afecto.

M: Más allá del encuentro en el FdP, la reserva poética, que han construido, sigue allí todo el año, aunque no esté la muchedumbre de poetas. ¿Cumple alguna función social para el pueblo?

A: En casa, Julián y mi ex pareja habían abierto una escuelita de arte que funcionaba a partir de donaciones, en la que se enseñaba a pintar y a dibujar. Hubo un interés fuerte por parte de la gente y les niñes del pueblo. Fue una iniciativa que se va a volver a activar, incluso unos vecinos que, también tienen una reserva (biológica) nos han propuesto unir las reservas en un proyecto de colocar los nombres de los poetas en cartelitos que se ubican en las casas de los vecinos que reciben la idea. A pesar de  ser una localidad pequeña es una localidad que recibió una gran cantidad de Préstamos Procrear con el gobierno de Cristina Kirchner, por lo que estamos ante esta idea de que, más allá de esa “explotación demográfica”, se reserve el patrimonio natural y el cultural. Nosotros tenemos casi treinta personas que llegan hasta casa con bolsas con sachets y cajas de leche porque saben que con eso hacemos libros. Por supuesto, hay gente que desconoce lo que hacemos, pero saben también que del portón para adentro hay una editorial. Nosotros tenemos una decisión política de ofrecer esta alternativa, que es una alternativa de vida en definitiva.

M: Es, efectivamente, una pena que las ganas no basten para algunos procesos sociales, y que se tenga que depender de que haya alguien que pueda donar materiales, o de alguien que esté dispuesto a trabajar gratis. Uno puede hacer muchas cosas por amor, no tengo una mirada económica de las cosas, pero si una mirada de reconocimiento hacia el trabajo que realizan las personas. Lo que no debería depender, necesariamente, de les niñes que aprovechan los recursos humanos de Ediciones Arroyo, sino más bien del Estado. Es necesario, y debería imperar, reconocer a los trabajadores informales, sobre todo si llenan un vacío social redistribuyendo el capital cultural.  Si no, lo que ocurre es que la redistribución de ese capital cultural siempre queda secundada a la posibilidad de algún voluntarismo, o de que alguien tenga la amabilidad de hacer donaciones. Y, finalmente, cuando se reclama un apoyo económico, aparecen más vacíos, y sería interesante que no suceda solo desde el amor y desde el desear que otros puedan acceder, aprovechando de hacer lo que se ama, pero a veces se olvida que la gente, aparte de hacer lo que ama, tiene que vivir.

A: Ni el reloj trabaja gratis. Era un proyecto muy interesante, con mucha repercusión, hasta que se pretendió una mínima remuneración. Entonces, ahí uno elige. Y no siempre se puede hacer, a la vez, el trabajo que da de comer y el que uno ama. En la comuna, en ese momento, no había presupuesto y, a pesar del cambio de gobierno en Santa Fe, con gente más piola en cultura, en estas circunstancias es difícil de gestionar, porque están más preocupados en si comemos o no, lo que es necesario. Por otro lado, no autorizo a que los pdf’s de mis libros circulen de manera gratuita porque estoy viva y es uno de los tantos, pero pocos, ingresos que tengo en mi casa.

M: A veces lo progre se come la empatía. Me refiero a que lo que uno decida hacer con su obra es algo personal. Que algunas personas, decidamos liberar nuestras obras, no tiene que suponer la idea de que todo el mundo tiene la posibilidad o el privilegio de hacerlo. Creo que hay privilegios en lo “progre”. Por eso, creo que es necesario ser bien cautos a la hora de juzgar, sobre todo, si se trata de compañeres que trabajan con la cultura, o para la cultura.

A: Absolutamente, necesito vivir de eso. Es mi trabajo. Estoy de acuerdo con los rasgos de la personalidad, junto con las definiciones políticas o ideológicas, que poseamos individualmente, pero es otra cosa cuando el proyecto se vuelve comunitario y la comunidad, justamente, pretende asumirlo como comunitario, no me parece que deba ser un trabajo necesariamente gratuito. Si este mundo no fuese rabiosamente capitalista yo no tendría por qué depender de ello para mi subsistencia, dado que hago tantas cosas que no son productivas y no son de interés de mercado. Hay un vacío en términos de respuestas económicas, por parte del Estado, respecto de lo que hacemos los gestores culturales. La idea sería que podamos priorizar el arte, pero no siempre es posible.
Pienso que, a veces, uno peca de tímido o de querer agradar al público que piensa que ha cautivado, o prioriza la imagen que otros tienen sobre uno, pero al sincerarse o exponer la propia realidad se toma noción de que la gente había percibido a una tal cual es. La cuarentena me permitió reconocer esa parte. Me han comprado libros que quien sabe cuándo voy a poder entregar, y esa es una respuesta al mensaje que estoy dando desde Arroyo Leyes. El mandato capitalista hace que se confundan los tantos. De la cuarentena rescato la caída de la careta, positivamente. Lo que importa son los lazos humanos, un Estado que proteja, salud pública y cosas básicas.

jueves, 4 de junio de 2020

La poesía es un martillo que rompe los espejos del lenguaje


Para esta ocasión compartimos unos poemas de Jordi Altamirano, un poeta extraordinario de la ciudad de Reconquista, que seguramente nos va a sorprender muchísimo. Su cosmovisión del mundo camina de la mano de su poesía íntimamente existencial. Se recuesta sobre el lado humano de las cosas en una cotidianidad cargada de preguntas. Una poesía que parece nunca terminar de interpelarnos. 

Por otro lado, tenemos una delicada pero violentísima ilustración de Mariana Goñi, de la ciudad de Tostado. Una ilustración digital que deja perplejo a quien se detiene a observar.  ¿Qué nos dice? ¿Distancias? ¿Verticalidad del poder?

Aristimuño

Después hizo frío y tuve que abrazarme
Puse música de Aristimuño
(vos tenías una foto de Aristimuño
pegada en tu heladera)
Me senté frente a la computadora
miré para afuera no
quería preguntarme
por qué aletargo los atardeceres
por qué no sé qué hacer conmigo
por qué siempre dejo los porqués
para contestarlos más tarde
ahora
                    solo
los autos se pasearon
por la calle del edificio
Un perro olisqueó el color
que salió de la panadería
Busqué que las hojas de los árboles
asediadas por el otoño
me dieran un mensaje
Busqué tu nombre en la luz
entre el silencio de mi pieza
Busqué a mí mismo en un cuento
no voy a poder dormirme
Tomé otro mate y acaricié el teclado
mientras la temperatura bajaba
Después hizo frío y me abracé
Puse una canción de Aristimuño
(vos tenés una foto
pegada en tu heladera)
Vos estás lejos
Yo también







Ilustración: Mariana Goñi




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Las grietas avanzan
tumban la cal
sobre los muebles
las fotos
la carta olvidada en el rincón

Hay un pedacito del techo
que no está triste
todavía
quedan los vestigios
de un cielo que no fue




Mi nombre es Jordi Altamirano. Soy de Reconquista, pero estudio Filosofía en Santa Fe. Escribo narrativa y poesía. No sé muy bien cómo; no sé muy bien para qué. Creo que el arte es siempre para otro y que es la forma más luminosa de tocar la realidad.

Mariana Goñi es de la ciudad de Tostado, Santa Fe. Realiza sus estudios terciarios en Santa Fe Capital, a la vez que es artesana, coordina talleres de Origami y Poesía. Participó de diversas muestras en ambas ciudades.